¿Facultad de Música y Danza o Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas?

Puntos de partida a tener en cuenta:

  • Desde 1254 hasta 1830 los estudios musicales estuvieron dentro de la universidad. Iniciándose con la Real Cédula de Alfonso X el Sabio en la Universidad de Salamanca y finalizando con la creación del Conservatorio de Música de Madrid por la Reina Mª Cristina. Siéndo España el primer país en incluir la música dentro de los planes de estudio universitarios.
  • A final de los años 20, el proyecto  de Ciudad Universitaria de Madrid diseñada por don Modesto López Otero, y fustrado por la guerra, había reservado una parcela para la edificación del Conservatorio.
  • Las enseñanzas musicales que actualmente están en la Universidad se limitan a;
    • diplomatura de Magisterio en especialidad musical (desde 1991, pero que desparece del plan de estudios este año)
    • licenciatura de segundo ciclo en Historia y Ciencias de la Música (desde 1995, musicología desde 1983)
    • doctorado en música (desde 1994)
  • Todas las enseñanzas superiores salvo las artísticas (música, danza, etc.) y las militares están en la universidad
  • Europa no puede tomarse como modelo para la ordenación de las enseñanzas artísticas porque cada miembro tiene su propia organización, que no es común a los demás estados; así que no hay un modelo estandar a seguir al respecto.
  • La LGE ya promulgó en su dia (años ’70) la inclusión de Bellas Artes y los Conservatorios en la Universidad, los primeros así lo hicieron, pero los segundos no.

Problemas de la situación actual para la integración en la universidad

En tiempos de la LGE no se pudo llevar a cabo del todo la reforma educativa en materia de conservatorios porque por aquel entonces, los Conservatorios no poseían aun la separación por grados (elemental, medio/profesional, superior) por lo tanto, los Conservatorios Superiores estaban obligados a impartir también los otros grados propedéuticos; siendo esta una opción poco recomendable para entrar en la universidad como centro masificado con un rango de edad que estaba fuera de lugar (sobretodo por la zona de menor edad) en dicho entorno.

La LOGSE, ha implantado, sin los apoyos económicos ni institucionales necesarios, un plan de estudio que sobrecarga a los alumnos de materias, siendo apenas suficiente la convalidación de algunas materias optativas en el bachillerato, para poder cursar con simultaneidad y cierta solvencia, al menos no sólo al alcance de los más “dotados”, los estudios generales y de conservatorio. Y remarcando el hecho de la tímida e insuficiente aparición de los poquísimos centros integrados, que eran (y son) uno de los puntos estratégicos, lamentablemente olvidados. Sumándose a todo ello el hecho de que en los centros superiores se llegaba a la incongruencia de una gestión desde las instancias de la enseñanza secundaria para unos estudios que otorgan titulaciones equivalentes, a todos los efectos, a las de Licenciado.

Ya mucho antes de todo esto, la marginalidad de la cual ha sido pertrechada la enseñanza musical ha sido el caldo de cultivo perfecto para la actual diversidad en lo que respecta a las diferentes variedades de centros y sus multifacéticas políticas de contratación de profesorado. Situación que hace especialmente complicada en caso de plantearse, como algunas veces ha sucedido, la posible integración parcial o total de profesores de estos centros, no integrados en la red pública, pero sostenidos con fondos públicos, a los correspondientes cuerpos docentes estatales. Muchos de estos centros centros autonómicos, pero no estatales, has venido poseyendo ciertos privilegios, que provocarían reticencias gremialistas contra la posible masificación y estandarización presupuestaria propia del competitivo mundo universitario.

Y por último, hay que remarcar las múltiples confusiones que las denominaciones, incorrectamente administradas, de los cuerpos docentes poseen. Primeramente el cuerpo de Profesores es el de los encargados de los grados elemental y profesional; y excepcionalmente, del superior; mientras que el cuerpo de Catedráticos imparten enseñanzas únicamente en el grado superior. Éste último cuerpo no estaba destinado a distinguir los mejores docentes o artístas, elevándolos sobre los demás profesores por sus méritos y capacidades. El cuerpo de catedráticos se debe entender como el cuerpo encargado en la enseñanza superior, y en ello deben ser los mejores, al igual que el cuerpo de profesores para las enseñanzas elementales y profesionales; no teniendo que ser ninguno “superior” a otro, sino con cualidades y herramientas distintas. Esta inicial adscripción de cuerpos por niveles, otorgándose al de catedráticos el superior, no sólo resulta en parte terminológicamente confusa, tambien no deja de ser comparativamente injusta respecto de los niveles equivalentes de la enseñanza general. Puesto que un profesor podrá ser catedrático sin necesidad de cambiar obligatoriamente de centro, mientras que en música no se puede ser catedrático en un centro que imparta grado profesional. Por otra parte, también seria absurdo prever un modelo de Conservatorio Superior formado sólo por catedráticos, si entendemos “catedrático” a la manera del resto del sistema educativo, en el que se califica así a un docente especialmente cualificado respecto del docente propio del nivel educativo concreto de cada caso.

El caso de la investigación académica tampoco está al dia. Dejando fuera la investigación creativa y performativa, la no obligatoriedad del doctorado para el acceso a los cuerpos correspondientes, provoca que gran parte del actual profesorado de las EESS no esté preparado para una integración inmediata. Aunque en su día también fue similar la situación presentada por el profesorado de Bellas Artes, al cual se le concedieron generosos plazos y ventajosas condiciones.

Posibles caminos a seguir

Vista la anterior situación, tanto de olvido normativo durante décadas como de dejadez crítica en cuanto al sector interesado, cualquier paso adelante que se proponga será recibido, más allá de su pertinencia concreta, como un gesto positivo que la descongele.

En principio, los actuales Institutos Superiores de Enseñanzas Artísticas, estando fuera de las universidades, equivalen en lo básico a una universidad. Aunque no es de esperar, que esta bienintencionada e hipotéticamante esperanzadora nueva región legislativa que aguarda a las enseñanzas superiores no universitarias sea tan idílica que provoque la marcha de las facultades de Bellas Artes para reunirse con sus hermanas artísticas en él, si no cojeante, Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas.

Algunos auguran que lo imporante no es dentro o fuera de la universidad. Ahora lo importante es la integración dentro del marco del Espacio Europeo de Educación Superior, ya que una solución u otra podría entenderse, a medio plazo, como un paso previo para la otra:

  1. la integración en la universidad general a través de este modelo parauniversitario, creado por los Institutos Superiores de Enseñanzas Artísticas
  2. la reunificación de las facultades artísticas en un modelo, a la germánica, de Universidad Poliartística, despues de su previa inclusión en la universidad general.

La no integración en la Universidad resulta aparentemente más fácil desde una perspectiva administativa, ya que mediante el “régimen especial” permite resolver de golpe los problemas técnicos de profesorado, adscripción de centros, etc.,  aunque ello obligue a crear todo un nuevo y muy complejo campo normativo dedicado en exclusiva a un sector residual. Mientras que la integración en la Universidad posee siempre, hecha con cautelas oportunas, la ventaja de una mayor coherencia educativa y plena comprensibilidad social.

Ahora bien, si puede llegar a ser defendible un territorio especial para los centros y profesores, es dificilmente sostenible que esto sea bueno para los alumnos, que vivan su formación al margen de las positivas sinergias, académicas y personales del mundo general universitario.

Reflexiones basadas en: Las enseñanzas musicales y el nuevo EEES. Álvaro Zaldívar Gracia. Revista interuniversitaria de formación del profesorado. nº52, 2005. Link

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