Deseos y realidades de modificar la LOE y LOU

Artículo de Manuel Vieites que pone los pies en el suelo a quienes creen que todo este lío se puede arreglar con un simple cambio de vocabulario en algunos artículos de la LOE y la LOU.

Retranscribo íntegro el artículo:

Se oyen voces y propuestas reclamando la condición de grados para los títulos que imparten los centros superiores de enseñanzas artísticas elaborados al amparo de lo dispuesto en el RD 1614/2009. Se afirma con contundencia “Somos grado”, pero esa contundencia obedece a un deseo, no a una realidad. La triste realidad es que ya no somos grado; podremos ser incluso “grado artístico”, pero nunca grado. Siempre equivalentes al “grado” de verdad, al universitario. Y eso es así porque la ponencia encargada de la elaboración del RD 1614/2009 olvidó todo lo que la legislación existente ya señalaba, y me refiero a la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación.

El artículo 3, apartado 5, de la LOE dice: “La enseñanza universitaria, las enseñanzas artísticas superiores, la formación profesional de grado superior, las enseñanzas profesionales de artes plásticas y diseño de grado superior y las enseñanzas deportivas de grado superior constituyen la educación superior”. Que nadie venga ahora a descubrir el Mediterráneo, a lo mejor a leer por primera vez la LOE, y que reparen en que incluso los ciclos formativos de grao superior, son enseñanza superior.

Y ahí está la clave, ¿cómo se diferencia entonces entre los diferentes títulos situados en el EEES? Pues a través de las denominaciones, de los títulos. Y la LOE, en ese sentido es muy clara. En todos y cada uno de los artículos referidos a la titulación derivada de haber cursado enseñanzas artísticas superiores, se establece que la titulación obtenida será un “título superior”, que será “equivalente a todos los efectos al título universitario de Licenciado o el título de Grado equivalente”. Artículos del 54 al 57.

La cuestión es bien simple: en cada etapa, en cada nivel, hay una titulación, y, en este caso, esa equivalencia con la “licenciatura” o con el “grado” no establece que los títulos superiores sean licenciaturas o grados, porque esas son titulaciones universitarias, lo que no obsta para que esos titulados, en función de la equivalencia, puedan seguir estudios de posgrado, doctorado incluido. Y claro, tras la LOE, que ordenaba lo no universitario, el gobierno promulgó el REAL DECRETO 1393/2007, de 29 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, que determina la denominación de los títulos universitarios, como Graduado/a o Doctor/a, del mismo modo que la LOE establecía que en el caso de las artísticas superiores, serían de titulado/a superior.

Y debido a ese error de bulto de la ponencia de turno en la interpretación errática de la LOE, estamos donde estamos, compuestos y sin Grados, porque quede claro, los grados son títulos universitarios.

El problema ahora es qué hacer, evitando causar el mínimo prejuicio al alumnado. Y la cuestión no es fácil, al menos si tomamos el camino de los que impertérritos ante la derrota, y sin haber recapacitado en el grave error cometido, insisten en reclamar una denominación que no les corresponden y todavía incitan a propios y a extraños a defender en clave numantina esa denominación que, insisto, la LOE no contemplaba. A veces, extralimitarse no es aconsejable. Por eso, en su día, y no me cansaré de repetirlo, quien subscribe, defendía ante los integrantes de aquella ponencia la necesidad de elaborar una Ley Orgánica de Enseñanzas Artísticas Superiores, y que entonces ellos desaconsejaban y ahora presentan como una panacea que supuestamente siempre defendieron. La Revista ADE/Teatro contiene abundante información al respecto, para quien la quiera leer.

Decir que todo es una cuestión nominal tiene su parte de razón. En efecto, el Ministerio puede decidir que donde dijo “grado” debe decir “titulo superior” y así sucesivamente, con lo que muerto el perro se acabó la sarna. Pero intentar mantener la denominación de “grado” mediante una modificación de la LOE es más que complicado, porque el Ministerio tendría que buscar la forma de acatar la sentencia y, al mismo tiempo, saltársela, cosa que dudo que las universidades vayan a permitir, y a los hechos me remito. La única solución inmediata pasa por hacer el cambio nominativo propuesto, e incluso ir más allá y en vez de decir “título superior”, decir “grado artístico”.

Esa es una posibilidad, pero quienes la defienden debieran meditar mucho los beneficios derivados de la misma, porque el cambio de denominación no implicaría ninguna mejora en los centros, ni en las comunidades educativas. Los centros seguirían siendo centros de secundaria, que impartirían títulos de “grado artístico”, sin que se produjesen las mejoras derivadas de la integración de esas enseñanzas en el Espacio Europeo de Educación Superior, cuestión que poco o nada ha preocupado al fenecido Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas. Y el alumnado seguiría siendo alumnado de secundaria. ¿Es eso lo que se pide y lo que se defiende? Si lo es, seamos luego consecuentes con la situación derivada de esa equiparación curricular en la equivalencia, y de la no equiparación en la condición de los centros.

La modificación de la LOE presenta además varios problemas, porque el gobierno se propone hacer una revisión en profundidad de la misma, lo que va a exigir muchos consensos y unos plazos razonables para lograrlos. De todas formas, y vistos los actuales precedentes, pues la sentencia del Tribunal Supremo ha sido demoledora, es muy dudoso que el Ministerio vaya a modificar la LOE justamente en esos términos, consagrando como grados lo que debieran ser “títulos superiores”, sobre todo porque en esa negociación no sólo van a hacerse oír los centros superiores sino también las universidades.

Lo mismo pasa con la modificación solicitada de la Ley General de Universidades. ¿En qué dirección se modifica? En la de garantizar grados a los centros superiores. Es dudoso que las universidades estén por la labor, lo cual es comprensible, y por una razón bien sencilla, que aparece muy bien explicada en la carta de los decanos de Bellas Artes publicada en El País el día 20 del 2 de 2012:

Las facultades de Bellas Artes acreditamos la calidad de nuestras enseñanzas mediante los mismos procedimientos que lo hacen el resto de facultades y centros universitarios: sometemos nuestras titulaciones a la exhaustiva revisión de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad (ANECA), tal como se exige para el resto de los títulos españoles del Espacio Europeo de Educación Superior. Además, la Universidad ofrece a sus estudiantes la posibilidad de realizar un recorrido completo y coherente desde el grado al doctorado, en una misma línea de especialización progresiva y con un reconocimiento asociado al prestigio de la institución. No se trata por tanto de una cuestión meramente semántica, relacionada exclusivamente con la denominación de los títulos. No habría sido justo ni comprensible que, por una vía paralela, se hubiera permitido a otras instituciones que siguen otras reglas diferentes otorgar títulos con la misma denominación que tienen los títulos universitarios.

Ahí radica el problema, en que a igual titulación iguales requerimientos. Y es comprensible, porque si a una universidad se le pide un proceso de acreditación para implantar un grado en una determinada especialidad de estudios, ¿a qué viene que a un centro superior no se le pida lo mismo para la misma titulación?

En efecto, quienes reclaman que seamos grado, debieran saber a lo que nos obliga el grado, sobre todo porque en ese caso, y con todo el derecho, las universidades reclamarán, ya lo han anunciado, que nuestros estudios pasen por los procesos de acreditación y verificación por los que pasan los grados universitarios antes de ser implantados. Y una demanda en esa dirección incluso podría llegar a generar una situación caótica en el sistema educativo, y esa demanda tendría incluso más posibilidades de prosperar, dado que de concedérsenos la condición de grado, cosa muy improbable, tendríamos que acreditar los títulos en la ANECA, y me imagino que la Universidad, a la que se obliga a tener títulos propios en función de la Adicional Séptima del RD1614/2009 (que podrían ser de grado y aún no lo son), sin duda exigiría plazos breves, con lo que los centros tendrían ante sí un reto prácticamente imposible. En la práctica, podría llegar a paralizar la actual implantación y volver a la legislación LOGSE.

El proceso de acreditación de un grado se explica en el Anexo I del antes citado RD 1393/2007, de 29 de octubre, y entre los requisitos figura el hecho de que parte del profesorado tenga la condición de doctor, pero además muchas otras cosas, referidas a instalaciones, recursos, servicios, personal…, algo que en las actuales circunstancias pocos centros podrían cumplir, y tampoco lo podrán hacer en los próximos 3 años. Creo que sería muy conveniente leer ese Anexo para ver las exigencias que determina, muchas de las cuales, infelizmente, están fuera del alcance de la mayoría de los centros.

Por eso, quienes defendemos la integración en la universidad proponemos un pacto a varias bandas que permita:

  • Un aplazamiento o suspensión de la sentencia, toda vez que los títulos vayan a ser asumidos por la universidad, con lo que el conflicto de competencias desaparecería.
  • Un período transitorio de adscripción a la universidad de los centros que permita que éstos reúnan los requisitos para poder presentar una memoria susceptible de ser aprobada por la ANECA.
  • Un período final de integración que permita transformar los títulos actuales de “grado” en grados acreditados por la ANECA.

No se trata de una rendición, se trata de ajustar los deseos a la realidad, de saber evolucionar con los tiempos y sobre todo de asumir que la universidad puede ser un ecosistema magnífico para desarrollar nuestras enseñanzas, como se hace en campos tan diversos como las ciencias de la salud, las ciencias físicas, o las ingenierías, por ejemplo.

Invito a las personas que se pasean por la vida sin anteojeras que se asomen a la carta de los decanos de las facultades de Bellas Artes para comprobar sus argumentos, realmente demoledores, pero amables con nuestros centros y, particularmente, con este movimiento (creo que hay un deseo sincero de llegar a acuerdos). Y también les aconsejo la irónica misiva del colega Fernando Carrera, director de la Escuela Superior de Restauración y Conservación de Pontevedra:

 

Carrera Ramírez

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/17/actualidad/1329508946_229370.html

Decanos/as Bellas Artes

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/17/actualidad/1329506569_961623.html

 

 

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